Como periodista especializada en agricultura y alimentación, durante años he repetido un mantra que muchos profesionales y dirigentes del sector primario hoy mantienen: los ciudadanos cada vez estamos más preocupados por nuestra alimentación.

Dicha afirmación se basa en la percepción de que, en general, ha crecido el interés por los alimentos, por conocer su origen, la forma de producirlos o la manera más apropiada de consumirlos. Asimismo, la información sobre dietas y la aportación nutricional de los productos ha aumentado en los medios generalistas, quienes también han ayudado a difundir noticias sobre lo que se consideran tendencias, como el vegetarianismo o el veganismo (esta última muy discutida entre los expertos), y que suponen menos del 10% del mercado de la alimentación.

Sin embargo, desde hace unos pocos años he cambiado mi percepción y la he afinado; considero que hay una parte de la sociedad más formada, informada y sensibilizada con la salud y la alimentación, que sí que se preocupa por ella, mientras que hay otra parte (mayoritaria) que apenas tiene interés.

¿Por qué he cambiado de opinión? Por los datos, de diversos tipos y diversas fuentes.

Datos sobre nuestra alimentación

Los datos del Informe sobre el consumo alimentario en España publicado anualmente por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación dan a conocer cómo es la cesta de la compra media del español, y por ende, lo que el ciudadano decide consumir en su hogar.

En este sentido, es llamativo que aunque en 2019 la adquisición de fruta fresca haya aumentado ligeramente respecto a 2018, los actuales 4.200 millones de kilos consumidos al año son menores a los de los 4.800 millones de kilos de 2012.

Algo similar ocurre con el consumo de hortalizas y verduras frescas, que aunque en los dos últimos ejercicios no ha variado, es inferior al de hace unos años, y el descenso todavía es mucho más evidente, año tras año, en el consumo de carne y de pescado, que no para de caer.

Por otra parte, aunque la primera bebida adquirida es el agua (con alrededor del 45% del volumen total de bebidas), las gaseosas y refrescos (bebidas azucaradas o carbonatadas) son las segundas en cuota de volumen en la cesta de la compra, con un casi 30% del total de bebidas.

También aumenta de forma sostenida la compra y consumo de platos preparados mientras que la carne transformada ha ido creciendo en la última década, hasta suponer el 25% de toda la carne consumida en el hogar.

Como bien apuntó el ministro de Agricultura, Luis Planas, en una entrevista para 20 años de Agronegocios en la que participé, “el primer producto más consumido es el sublime de todos los frescos: ¡la ensalada!; el segundo, la pizza. Hay contradicción, ¿no?”. En este sentido, el ministro actual apunta queVamos a ir a una alimentación diferenciada, como es la propia sociedad. […] Creo que coexisten distintas tendencias dentro del mercado y eso lo vemos en la segmentación del mismo”, (algo ya apuntado en varias cribas de este blog: Alimentos «low cost» frente alimentos «premium» o La dieta mediterránea llena muchas bocas y pocos estómagos).

Datos sobre nuestra salud

Frutas y verduras frescas

Si además de los datos sobre la cesta de la compra atendemos a los que se ofrecen desde el ámbito sanitario, mi opinión sobre que los ciudadanos no nos preocupamos tanto por nuestra alimentación se refuerza.

El estudio ENPE publicado en el año 2016 afirmaba que el 39,3% de la población tenía sobrepeso y un 21,6% obesidad, es decir, el 60% de la población española está por encima de su IMC (Índice de Masa Coroporal) recomendable.

Esta tendencia va al alza, y según un estudio del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), se prevé que en 2030 el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres de edad adulta tendrán exceso de peso, unas cifras que harán aumentar el número de personas con más posibilidades de incrementar el gasto sanitario a causa de enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer.

Por ello, si un gran porcentaje de la población tiene sobrepeso, y posiblemente, no sólo porque su actividad física sea baja, sino porque su dieta no es la adecuada, y al mismo tiempo, en la cesta de la compra de la última década los productos frescos han perdido peso, frente a los platos preparados y la carne procesada, ¿podemos decir, de forma general, que los ciudadanos estamos preocupados por nuestra alimentación? ¿O sería mejor admitir que una parte de la sociedad sí que está sensibilizada pero que, vistos los datos, se ha perdido mucho de nuestra Dieta Mediterránea y nos queda mucho por hacer?

El debate queda abierto, y tú ¿qué opinas?

Escrito por Elisa Plumed

Periodista especializada en agricultura y alimentación.

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